Al final del mes de septiembre de cada año, la ciudad de Florencia vive un acontecimiento muy especial legado a sus tradiciones: el arribo del “Carro Matto” o“Carreta Loca” que llega a la ciudad desde la zona del Chianti Rufina. La carreta es arrastrada por una pareja de bueyes estrictamente blancos y es también acompañada por un elegante desfile en trajes tradicionales y por los abanderados florentinos; atraviesa las calles de la ciudad hasta recibir la bendición en la Catedral de Florencia.

Esta manifestación tiene como objetivo celebrar la tradición que la región Toscana tiene con la producción de vino y, al mismo tiempo, trata de recrear la llegada del vino a la ciudad. Desde el siglo XIV, el vino se ha embotellado y se sigue conservando en botellas de vidrio llamadas frasco “fiasco” por su especial línea redonda de forma de pera y su largo cuello . Son exactamente estos famosos frascos redondos recubiertos de paja los que con el tiempo, se volvieron el emblema del vino toscano en el mundo.
El “fiascaio” – es decir, aquél que producía los frascos (fiaschi) – realizaba sea la botella de vidrio que la cubierta de paja entrenzada que recubre desde la base hasta más o menos la mitad del recipiente. Tiene como función proteger la botella de posibles ropturas además de servir como aislante términco para mantener intactas las cualidades del vino.

Mientras las botellas de vidrio se realizaban en la ciudad de Florencia, el vino se producía en las afueras, en la campiña circundante y la Carreta Loca nos muestra como en el pasado, las botellas venían impecablemente apiladas en forma de pirámide para ser transportadas en un modo seguro hasta el lungar donde deberían de ser llenadas. En la carreta caben más de 2000 botellas y hoy como entonces, solo pocas personas son capaces de crear esta obra maestra de ¡acquitectura artesanal! Es por esto que el Carro Matto, recrea la llegada de la carreta a la ciudad desde la campiña, con la botellas llenas de vino del año nuevo. La carreta viene recibida con el mismo entusiamo y la misma alegría de entonces.

Desde 1973, la zona de Rufina festeja su vino dedicando una semana completa a eventos centrados llamada “Bacco Artigiano” o “Baco Artesano”. Si visitan el municipio de Rufina el domingo siguiente a la llegada de la Carreta a Florencia, encontrarán muchas cantinas abiertas en donde prodrán efectuar visitas y degustaciones. Básicamente Rufina es la única ciudad de Toscana que ha logrado mantener viva la tradición y la habilidad de apilar los frascos en forma piramidal como ¡ésta!.